Encontramos Gante justo en el corazón de Flandes, a medio camino entre Bruselas y Brujas. Se trata de un centro universitario e industrial de primer orden, pero que ha sabido preservar prácticamente intacto un centro histórico; y no solo lo conserva, sino que lo ha potenciado manteniéndolo vivo; no se ha convertido en un mero decorado para turistas, sino que es una ciudad realmente viva, como los propios ganteses que la habitan y los muchos jóvenes que estudian en ella, lo que se nota en sus calles, siempre llenas de gente que sale de compras o a divertirse.
Gante es otra de las ciudades con canales en su interior que puede llevarse el título de Venecia del Norte, junto a su vecina Brujas o Ámsterdam; estos canales, ahora atracción turística con posibilidad de paseo en barca incluido (no nos lo podemos perder), eran la riqueza de la ciudad, ya que servían para el rápido transporte de las mercaderías (fundamentalmente textiles) que se producían o se comerciaban en ella hacia otros mercados; aún se conserva alguno de sus muelles, convertido ahora en paseo junto al canal y centro de la vida nocturna con sus siempre repletos bares y restaurantes.
La lista del patrimonio de Gante es muy larga; con el espectacular castillo Gravensteen, el Ayuntamiento o las típicas y personales casas con fachada escalonada. Pero destacando por encima, en el sentido literal de la palabra, sus tres torres medievales ; la de la Catedral de San Bavón (que esconde otra joya, el retablo de la Adoración del Cordero Místico de Van Eyck), la atalaya del Belfort y la perteneciente a la iglesia de San Nicolás; las tres recortan el cielo gantés formado una inconfundible silueta.