Nuestro próximo objetivo es la Península de Curonia; desde la propia Klaipeda tomamos un ferry que nos llevará en pocos minutos a esta rareza geográfica tan especial. Como hemos indicado en la presentación, se trata de una estrecha (un máximo de cuatro kilómetros) y larguísima lengua de tierra (100 kms, repartidos entre Lituania y el enclave ruso de Kaliningrado), producida fundamentalmente por los sedimentos de los ríos de la zona, en especial del Nemunas (o Niemen), y las corrientes del Mar Báltico.
Dicha península formó una laguna de agua dulce separada del Báltico al recoger las aguas de los mencionados ríos, y las arenas llevadas por ellos se fueron acumulando formando dunas, algunas con más de 50 metros de altura. Primero los animales, en especial las aves, y luego marinos y pescadores, se dieron cuenta del valor de este lugar, con acceso sencillo a peces de agua dulce o salada, más al abrigo de los elementos que la costa que da directamente al Báltico.
Sin embargo, la vida para sus habitantes no fue siempre sencilla; las dunas desnudas se mueven con el viento, y algún pueblo llegó a ser cubierto por las arenas. En el siglo XIX, se llevó a cabo una amplia campaña de reforestación para estabilizar las dunas, que ha dado su fruto, creando a la vez un espacio natural único, combinando la fauna y vegetación propia de las dunas, del bosque de coníferas y de las marismas. Ello llevó a la creación del Parque Natural de la Península de Curonia, reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde el año 2000.
En la actualidad, sus playas, muchas de ellas con la Bandera Azul, el Parque Natural y los bellos pueblos han convertido la Península en un importante destino turístico, en ningún momento estropeado por instalaciones demasiado agresivas con el paisaje o la arquitectura tradicional. Los cuatro núcleos de Juodkrantè, Pervalka, Preila y Nida se agrupan en la municipalidad de Neringa, y han sabido conservar una ambiente tradicional con bellas edificaciones en madera inspiradas en las antiguas viviendas de los pescadores. Viendo el estado de algunas de nuestras costas mediterráneas, nos invade la envidia.
El Bosque de las Brujas
La primera población que encontramos es Juodkrantè, que junto a sus casas en maderas y las villas del siglo XIX, nos ofrece una bella playa y amplias posibilidades para el senderismo o el cicloturismo (de hecho, una ruta exclusiva para bicicletas atraviesa la península completa), junto a la Bahía del Ámbar, donde se encontró el llamado Tesoro del Ámbar, una colección de objetos en dicho material de la época prehistórica. En el muelle, encontramos una exposición de esculturas contemporáneas en piedra, que se integran en el paisaje como si de auténticas rocas se trataran. Muy cerca, duna y bosque arriba, tenemos el Monte de las Brujas, un recorrido con esculturas de madera, cuya temática son las tradiciones y leyendas de la zona; demonios, sirenas y, por supuesto, brujas, nos están esperando para explicar sus historias ... O asustarnos.