Oporto; todo él está impregnado del auténtico espíritu portugués, e incluso el nombre del país tiene aquí su raíz. La mezcla de popular y burgués, de religioso y profano; el mítico vino de Oporto, el dinamismo cultural y comercial (recordemos el dicho portugués: Lisboa se divierte y Oporto trabaja), la relación con el interior y, a través del puerto que incluso le da nombre, el resto del mundo (con una especial relación con el Reino Unido, en gran parte relacionada con el vino). Todo ello crea una personalidad propia, dinámica, mirando hacia el futuro pero respetando y aprovechando lo mejor del pasado.
Es evidente que el origen de dicho espíritu, y la propia vida de Oporto, han estado marcados, desde su fundación, por su privilegiada situación. La desembocadura del rio Duero es ideal para el establecimiento de un puerto que sirva para llevar las mercaderías que descienden por el río hasta el mar y de allí... Hasta los confines de la Tierra. Tan evidente y perfecto que los romanos le dieron nombre genérico: Portus, el puerto, que el tiempo convirtió después en Porto en lengua lusa, y que unido al antiguo nombre prerromano (Cale) dio lugar al nombre del país, Portus Cale -> Portugal.
Pero además existía otra ventaja estratégica; justo en este punto, existe un pequeño desfiladero, que permite la creación de bastiones a ambos lados del río. Perfecto para la defensa del establecimiento y el control de lo que discurre por la corriente. Ello se hace totalmente evidente al pasear por el casco antiguo de la ciudad, lleno de empinadas calles que proporcionan a la ciudad una personalidad muy marcada, con paisaje urbano único lleno de miradores, atalayas y diversos planos de construcción. No en vano, el barrio de la Ribera, parte de dicho centro histórico que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Centro histórico: Rua de 31 de Janeiro
Podemos caer en los tópicos, como el vino, la cultura del café, la excelente cocina (con las tripas, el bacalao o la Francesinha, un curioso sándwich, sin olvidar la repostería), la arquitectura barroca y los azulejos, la vista del Duero con el puente Luis I ... Pero Oporto es mucho más; una ciudad llena de una viva cultura, muestras claras de la cual son el Museo de Arte Contemporáneo de Serralves, integrado en el bello parque del mismo nombre, o la Casa Da Música, mucho más que un simple auditorio. Todo ello le valió la Capitalidad Europea de la Cultura en 2001, que sirvió además para mejorar y modernizar infraestructuras, como el Metro o la renovación del Aeropuerto. Sin olvidar el deporte, con el equipo de fútbol del FC Porto como representante más internacional, con su Estadio do Dragao (estadio del Dragón; a los jugadores y seguidores del Porto se les denomina los dragones) considerado también una joya de la arquitectura contemporánea.
La espectacular arquitectura de la Casa da Música
Acompañadnos en este pequeño paseo la ciudad, una primera aproximación al mencionado espíritu portugués que en ella brilla.